26 marzo, 2012

El nacimiento catastrófico de Mercurio

Una parte del polo norte de Mercurio con parches brillantes tomadas desde el Observatorio de Arecibo superpuestas.
Créditos: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington 




23 de Marzo de  2012


Mercurio revela la violencia de su génesis planetaria.

La historia de Mercurio es, probablemente, un complicado relato de extremos. La superficie del planeta está fuertemente marcada, con cañones de paredes abruptas, escarpas que se elevan varios kilómetros, y cráteres que penetran en la corteza varios kilómetros por debajo de la altura media del terreno. La diferencia de altitud entre las tierras bajas y las altas excede los ocho kilómetros en algunas regiones.


Mercurio recuerda a la Luna más que ningún otro cuerpo del Sistema Solar. La Luna tiene 3475 kilómetros de diámetro, mientras que Mercurio tiene 4880 kilómetros, pero parece que ambos experimentaron catástrofes en algún momento en el pasado que los dejaron con una topografía casi idéntica.


En una Imagen del Día anterior acerca del cráter Aristarco, se señaló que sus alrededores exhiben muchas características asociadas con eventos eléctricos: cráteres fundidos, cráteres oblongos y cráteres en cadena. Los científicos planetarios prefieren imaginar que esas características son el resultado de "eyecciones regresivas" de cualquiera que fuese la roca espacial que creó Aristarco "hace millones de años". Sin embargo la naturaleza trenzada de los cráteres que llevan a la rima del cráter, así como las terrazas que hay en él, desmienten la hipótesis del impacto.


En la imagen de hoy, los dos cráteres mayores manifiestan formaciones casi idénticas, exeptuando que son más pronunciadas. Las trenzas son bien definidas, las cadenas de cráteres están grabadas de forma más clara, y se extienden por una distancia mayor. Otras características interesantes son las crestas parecidas a llamas que rodean las rimas del cráter. Puede ser que los derrubios regresivos excavaran las cadenas de cráteres pero no hay un escenario de impacto que pueda explicar las laderas sinuosas que conectan los cráteres mayores.

¿Cómo consigue un planeta en una orbita cercana al Sol el mismo tipo de topografía que una luna girando alredor de un planeta? Quizás la respuesta se haya en el concepto de formación planetaria del Universo Eléctrico.

La teoría convencional del nacimiento de los planetas está ligada con la llamada Hipótesis Nebular. Se supone que una vasta nube interestelar de polvo y gas se retrajo lentamente porque algún estímulo, como la onda de choque de una supernova, inició remolinos gravitacionales que causaron que las partículas nebulares se atrajeran unas a otras. A lo largo del tiempo, las partículas formaron grumos que se combinaron, volviéndose más y más grandes. Finalmente, los grumos formaron un "disco de acreción" que concentró la materia en una bola central. Esa bola se hizo tan densa que su gravedad aplastó el hidrógeno y lo confinó en una reacción termonuclear, formando una nueva estrella.

Después de que la estrella entrara en ignición, se supone que sobraba una gran cantidad de polvo girando alrededor de ella. La gravedad de la nueva estrella causó entonces estructuras parecidas a remolinos en el polvo, que empezó a recoger material en agregados densos hasta que se endurecieron formando cuerpos rocosos.

Los numerosos problemas inherentes a la Hipótesis Nebular no son el objeto de este artículo. Sin embargo, el problema insalvable de que las nubes de gas se unan para formar objetos sólidos no puede ignorarse. Si la densidad de un gas aumenta, las colisiones moleculares también se incrementan. Si las colisiones moleculares aumentan, el gas se calienta. El gas caliente en el espacio tiende a dispersarse, pues no hay un contenedor que lo confine. Por lo tanto, una nube de gas, para poder contraerse y formar una estrella, debe manterse fría para prevenir la dispersión. Sin embargo, a medida que se contrae, se calienta, por lo que se dispersa. Y vuelta a empezar.

En un Universo Eléctrico, las estrellas no se "auto realizan". En lugar de eso, filamentos de plasma confinado electromagnéticamente se reunen a lo largo de vastas distancias galácticas con una fuerza hasta 39 órdenes de magnitud mayor que la gravedad. Puesto que los filamentos están constreñidos magnéticamente, no se combinan por repulsión magnética. En su lugar, los filamentos, llamados corrientes de Birkeland, se retuercen uno alrededor del otro en una hélice siempre en tensión. Al girar y retorcerse, constriñen el plasma es los espacios entre ellos, comprimiéndolo y formando una estrella. Las estrellas están alimentadas externamente por corrientes de Birkeland, de manera que se encuentran a menudo en hileras a lo largo de nuestra galaxia.

Puesto que las estrellas son un fenómeno de plasma en modo arco, no tienen núcleos superdensos donde la fusión nuclear crea nuevos elementos a partir del gas de hidrógeno. En su lugar, la fusión tiene lugar en la superficie de la estrella, formando elementos más pesados que luego caen en sus interiores. Esta función empieza el proceso de la formación planetaria.

El físico y defensor del Universo Eléctico Wal Thornhill argumenta: "Es mucho más simple e infinitamente más eficiente si los planetas ‘nacen’ en intervalos por eyección eléctrica de material cargado del interior de cuerpos mayores cargados de forma parecida – los gigantes gaseosos nacen de las estrellas, y los planetas rocosos de los gigantes gaseosos. Tenemos evidencias circunstanciales de esta proposición en las estrellas binarias encontradas después de una explosión nova. Además, la mayoría de los cuerpos rocosos del Sistema Solar orbitan en torno a un gigante gaseoso cercano. La eyección eléctrica en un fogonazo interno masivo responde la cuestión de la fuente de energía. No es dispersiva como en una explosión. El efecto de pinzamiento producirá un chorro de materia, más bien como una eyección de masa coronaria, solo que a una escala mucho mayor. El resultado es un protoplaneta, además de una corriente de gases y derrubios meteóricos. 

Debido a que los cuerpos rocosos, como Mercurio o la Luna, son eyectados desde objetos mayores, fuertemente cargados, son bombardeados con lo que sólo puede ser descrito como descargas eléctricas gigantescas. Las cargas eléctricas entre la luna, o el nuevo planeta emergente, y su progenitor no están en equilibrio, de modo que a medida que se alejan rápidamente uno del otro, aparecen arcos eléctricos. Esa es la razón por la que tantos objetos celestes del Sistema Solar están seriamente dañados. Cráteres, cañones, llanuras fundidas, campos diseminados de derrubios abrasados, y motones de polvo finamente divididos y depositados iónicamente nos cuentan la historia de un nacimiento violento y espasmódico, además de proporcionar evidencia de una relación familiar.


Traducción de Roberto Conde